CASA MUSEO MIGUEL HERNANDEZ, ORIHUELA

En una calle modesta de Orihuela, se alza una vivienda humilde, de esas en que el tiempo pasa lento. Esa casa —hoy Casa Museo Miguel Hernández  — fue (y sigue siendo) cuna de sueños: aquí vivió el poeta oriolano  junto a sus padres y hermanos desde 1914 hasta 1934. En ella pasó su niñez y desarrolló su adolescencia entre corral, huerto, cabras y la higuera bajo la cual, dicen, se sentaba a dejar que brotasen los primeros versos.

Cuatro años antes, en 1910, Miguel había nacido en otra casa más pequeña, en la calle San Juan, también en Orihuela, donde los primeros latidos de su vida comenzaron a palpitar al ritmo de la ciudad y sus rincones.

Se trata de una construcción típica de Orihuela, de planta única, que se abraza a la pendiente del monte de San Miguel, junto al Colegio del patriarca o Colegio de Santo Domingo, donde Hernández estudió durante algunos años. Sus dependencias se adaptan al terreno mediante una serie de aterrazados: primero la vivienda y el patio, luego el cobertizo para las cabras y, finalmente, el huerto.

Al cruzar su puerta, uno no entra solo en un museo: entra en un rincón del alma del poeta. Se respira vida cotidiana en sus modestos habitáculos convertidos en metáforas del ayer: el comedor y la salita de estar; en las habitaciones de los padres, en la de sus hermanas Encarna y Elvira, la de Miguel y su hermano Vicente, junto con la cocina, donde olía a guisos humildes. Todo conserva ese halo de sencillez que alimentó una voz que hoy sigue resonando.

El montaje museográfico actual conserva el mobiliario y ajuar doméstico típicos de las viviendas oriolanas de principios de siglo, junto con fotografías que inmortalizan distintos momentos de la vida del poeta y su familia, preservando el aroma de lo cotidiano y la huella de una infancia que se transformó en poesía. Pero más allá del objeto, lo que el museo retiene es el aliento del pasado, la huella de una vida sencilla que se convirtió en poesía universal.

Paso por la habitación de las hermanas a la de los hermanos

Habitación de Miguel y su hermano.

Acceso a la habitación de Miguel desde la cocina.

Desde la cocina se accede al patio, donde un pozo y una pila de piedra guardan el agua de la memoria. El resto del patio está parcialmente ajardinado con plantas aromáticas y flores que aparecen en la obra de Hernández, recordando la presencia viva de la naturaleza en su poesía.


En una esquina se halla el cobertizo para el forraje y la leña, que incluye el pequeño aseo de la casa.

Unas escaleras conducen a un corral amplio, donde el padre de Miguel guardaba el ganado como tratante.

Allí, a través de una discreta puerta, pasamos a un huerto familiar donde crecían verduras y frutos para el hogar. 

Es en ese huerto donde Miguel encontró inspiración y cobijo, dedicándole incluso un poema titulado “Huerto mío”, un rincón íntimo donde la tierra y la palabra se abrazan:


Paraíso local, creación postrera,
si breve de mi casa;
sitiado abril, tapiada primavera,
donde mi vida pasa
calmándole la sed cuando le abrasa.

Y allí se alza la higuera, bajo la que el joven Miguel escribía, testigo de memorias, de risas y de dolor, de versos nacidos al abrigo de su sombra, y a la que también dedicó versos llenos de vida y memoria:

Mi carne, contra el tronco, se apodera,
en la siesta del día
de la vida, del peso de la higuera,
¡tanto!, que se diría,
al divorciarlas, que es de carne mía.

Josefina Manresa, su esposa, contaba en sus recuerdos que en el huerto crecían paleras de higos chumbos, y que Miguel grababa en ellas el nombre de Josefina, observando cómo crecían al compás de la vida misma.

La casa fue adquirida por el ayuntamiento en 1981, y tras una restauración cuidadosa —respetando su humildad— se convirtió en museo en 1985, precisamente un 28 de marzo, fecha simbólica por ser el aniversario de la muerte del poeta. Desde entonces, la casa ha seguido siendo un espacio vivo: en 2001 sirvió de escenario para la miniserie biográfica Viento del pueblo. Miguel Hernández. Desde 2020, la visita comienza en el Centro de Recepción de Visitantes, donde se pueden contemplar primeras ediciones de sus obras, fotografías, homenajes e incluso escuchar la voz del propio Miguel resonando, como si regresara de su huerto, de su higuera, de su infancia, para caminar de nuevo entre nosotros.

Fragmento "viento del pueblo"


Homenaje de los pueblos de España. Porcelana de Sargadelos




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https://es.wikipedia.org/wiki/Casa-Museo_de_Miguel_Hern%C3%A1ndez

https://www.miguelhernandezvirtual.es/new/index.php?option=com_content&view=article&id=54&Itemid=79

https://www.turismoregiondemurcia.es/es/museo/casa-museo-miguel-hernandez-5768/

https://www.orihuelaturistica.es/orh/web_php/index.php?contenido=fichaPoi_coconut&idPoi=15&idNivel=4016&mode=folder&order=asc&lang=1

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